Tierra Cruda

Tierra Cruda

A pesar de que hoy la mayoría de la gente piense lo contrario, la construcción con tierra cruda ha sido muy utilizada hasta hace pocas décadas y aún lo es en buena parte del mundo, tanto en los países en vías de desarrollo como en las naciones cultas y ricas que retoman el uso de la arcilla porque ayuda a cumplir los compromisos que los Estados contrajeron al firmar el Protocolo de Kyoto.

Convendría recordar que a lo largo de los siglos los seres humanos han levantado sus hogares con los materiales más cercanos y que el Portland no fue descubierto por Joseph Apsdin hasta 1823, lo que posibilitó la patente del cemento armado realizada por Taddeus Hyatt en 1850 y la del jardinero francés Joseph Monier que registró su sistema en 1867.

La enorme vinculación que el hombre ha tenido con la tierra desde las etapas en las que comienza a ser constructor es evidente en estos larguísimos siglos de uso. La fuerza de esta relación con el único material plástico que encuentra al alcance de su mano  se percibe en las narraciones que  las diferentes culturas hacen de sus comienzos, se muestra en el respeto con el que se veneran ciertas  piezas de tierra como los adobes para el parto y los adobes de fundación y se constata en la función reservada a la arcilla como garante de la intimidad en los documentos oficiales,  de la  permanencia para los rostros  queridos, de la memoria, guardada  en los túmulos que evocaban heroicas hazañas individuales o colectivas.

La tierra, primer soporte de la escritura humana, contenedor del agua y los alimentos que aseguraban la vida, ingrediente en los preparados curativos o en los destinados al adorno de hogares y personas, fue utilizada también para el desengrasado de las lanas, el teñido de las telas o  en el tejido de éstas.

Cuando Garcilaso El Inca refiere que los sabios andinos denominaban al hombre tierra con alma nos está mostrando la indestructible trabazón que une al ser humano con este material milenario que ha empleado en todas las épocas y latitudes.

Dejaremos a un lado los sistemas constructivos de tierra basados en la excavación, haciendo sólo mención de las tres formas más usadas para  realizar viviendas bajo el suelo que son las excavaciones horizontales, las que siguen un plano inclinado y aquéllas en las que primero se extrae el material cavando verticalmente para lograr un amplio espacio libre desde el cual iniciar la perforación horizontal, siendo estas últimas las habituales moradas de varios millones de personas que habitan en las grandes llanuras de loess que encontramos en el noroeste de China.

En nuestro ámbito cultural lo subterráneo ha sido visto a través de las culturas clásicas, asimiladas después por el cristianismo, que colocaban en el subsuelo los lugares de reparación y castigo tal como muestran las terribles visiones reflejadas en las pinturas de Fra Angelico o de El Bosco y en las estrofas de Dante, aunque también hay autores, como Cyrano de Bergerac que describe unas peculiares casas diseñadas para subir a la superficie o recogerse bajo ella cuando la temperatura lo aconsejara. En otras culturas sin estos prejuicios los lugares subterráneos son considerados ideales para realizar no sólo viviendas acogedoras, frescas en verano y cálidas en invierno sino también hermosos jardines, como recoge la narración de las Mil y Una Noches.